jueves, 11 de enero de 2024

A 163 años de la segunda Batalla de la Rinconada del Pocito.

 



Se conoce como "Segunda Batalla de la Rinconada del Pocito" o simplemente Batalla de la Rinconada (11 de enero de 1861) a la invasión promovida desde el Poder Ejecutivo Nacional, en ese entonces por Santiago Derqui; hacia la Provincia de San Juan.


Antecedentes


En San Juan estaba gobernando Antonino Aberastain. Las provincias estaban en una guerra civil por la pugna entre las Fuerzas Unitarias y Federales, que deseaban fervientemente imponerse a nivel Nacional. Es por esto que aún no existía la prohibición de Fuerzas Armadas Provinciales (en la actualidad sólo dependen del Estado Nacional)


Desarrollo


La presidencia ordena la intervención en San Juan y deja la dirección del ataque a cargo de Juan Saá, quien marcha con tropas mayoritariamente mendocinas en dirección al límite entre San Luis y San Juan.


Saá da un ultimátum, que es contestado por Aberastain mientras improvisa un Ejército. Saá entonces avanza , y luego es encontrado por las fuerzas sanjuaninas en el distrito de La Rinconada, en el Departamento Pocito (unos 20 km al sur de la Ciudad Capital Provincial)


La batalla tiene una mediana duración, pero termina con la derrota total de las fuerzas sanjuaninas, y con el apresamiento de Antonino Aberastain.


Decenas de oficiales, incluyendo Aberastain, quedaron bajo la custodia del coronel Francisco Clavero, que los maltrató físicamente. Temiendo una rebelión o intento de fuga de los mismos, al día siguiente Clavero ordenó el fusilamiento de Aberastain.3? Su muerte ocurrió en el distrito de Villa Aberastain (actuales Calle 10 y Avenida Mendoza), donde actualmente hay un monumento conmemorativo.


Consecuencias


El asesinato brutal del Gobernador sanjuanino repercute en el gobierno, ya que figuras de peso político repudian el hecho, entre ellos Justo José de Urquiza y Domingo Faustino Sarmiento (quien era amigo íntimo del fallecido Aberastain) Las disputas recrudecerán hasta llevar a la denominada Batalla de Pavón, con la consecuente unificación del país. La heroica lucha de Aberastain será tenida en cuenta luego, para la reafirmación de las autonomías provinciales como pilar fundamental para el federalismo.

viernes, 13 de enero de 2023

Se cumplen 65 años de esta carta de Juan Perón a Enrique Olmedo

 




Carta a Enrique Olmedo 13 de enero de 1958


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Caracas, enero 13 de 1958


Al Sr. Enrique Olmedo.


Montevideo


Querido compañero y amigo:


Por intermedio del portador he recibido su amable carta y los interesantes puntos de vista contenidos en el proyecto de resolución del Consejo Superior que adjunta. Está Usted acertado en el planteo: la línea de intransigencia insurreccional es la única que cabe ante la triste situación a que se ha llevado el país con la tiranía. A fines de diciembre ya habíamos apreciado totalmente el panorama. Como verá por mi mensaje —cuya copia remití al Comando de Exilados— el criterio adoptado coincide plenamente con sus sugerencias. Está dirigido al Comando Táctico Peronista, de reciente creación y única autoridad que representará al Comando Superior en lo sucesivo dentro del país. Como lo digo en el mensaje, mis instrucciones serán terminantes y todos los compañeros deberán darle amplia y rápida difusión. Encarezco a los peronistas de ésa no escatimar esfuerzos en esta tarea y organizaría de inmediato para hacer llegar la consigna hasta el último rincón de la Argentina. La campaña de confusionismo era de esperar y se agudizará y diversificará con la proximidad de los comicios. Deje que los vivos y apresurados se "deschaven". El Pueblo tiene un olfato delicadísimo y sabrá dónde está su Causa y dónde está Perón. No caerán en trampa alguna. Por su parte, Usted conoce bien mi pensamiento y el del Dr. Cooke, y sabe que sólo por nuestro intermedio se emitirán las instrucciones. Desautoricen toda clase de rumores y monten la maquinaria para la propagación de la consigna de intransigencia insurreccional. Que nadie desconozca o dude de nuestra clara y decidida determinación de luchar sin desmayo por la Revolución Social profunda en nuestra Patria. Hay intereses creados que pretenden presentarnos como indiferentes o "cansados" por la contienda. El Pueblo Argentino y todos los pueblos de América deben saber que no defraudaremos sus esperanzas ni eludiremos la responsabilidad histórica de luchar -sin mezquindades personales por la Causa de los Trabajadores. Reciba el afectuoso abrazo de su amigo. Firmado: Juan D. Perón.


Comando Superior Peronista


martes, 7 de diciembre de 2021

Se cumplen 147 años de La Batalla de Santa Rosa

 Se conoce como Batalla de Santa Rosa a dos batallas ocurridas en el mismo sitio (Santa Rosa, provincia de Mendoza, Argentina), el 29 de octubre y del 7 de diciembre de 1874, durante la guerra civil entre las fuerzas del gobierno argentino y las revolucionarias dirigidas por José Miguel Arredondo.



La revolución de 1874 estalló en respuesta al triunfo electoral de Nicolás Avellaneda, con la excusa de que había triunfado gracias al fraude. El fraude había existido, por supuesto, pero lo habían usado ambos bandos, y el propio candidato derrotado, Bartolomé Mitre, lo había utilizado varias veces en el pasado. Dos grupos militares se unieron a la revolución, una en el interior de la provincia de Buenos Aires, la otra, dirigida por José Miguel Arredondo, en San Luis y el sur de la provincia de Córdoba.



Primera batalla de Santa Rosa

Tras ocupar la ciudad de Córdoba, Arredondo se dirigió a San Luis y de allí a Mendoza, donde lo esperaba el coronel Amaro Catalán al frente de las milicias provinciales.


En Santa Rosa, el día 29 de octubre, la carga frontal de las fuerzas de Arredondo derrotó a los milicianos mendocinos, y la muerte de Catalán decidió la batalla.


Arredondo ocupó la ciudad de Mendoza, y derrocó a los gobernadores de esa provincia y la de San Juan. Poco después llegaba la noticia de la derrota de Mitre en la batalla de La Verde.


Roca llegó poco después a la provincia de Mendoza, y Arredondo lo esperó en el mismo punto de Santa Rosa, defendido por una posición fuerte, con una ancha zanja y un parapeto de tierra, rodeado de montes bajos, imposibles de cruzar para la caballería.


Esa noche, un baqueano guió las fuerzas de Roca por el único sendero que podía esquivar la posición de los revolucionarios, que estaban demasiado confiados para creer que eso se pudiera hacer. Y a la mañana siguiente, 7 de diciembre, el ataque de Roca ocurrió por la retaguardia enemiga; las fuerzas revolucionarias se defendieron valientemente, pero fueron pronto superadas por las leales al gobierno. Roca encontró al desorientado Arredondo, que aún creía que el grueso de las fuerzas enemigas atacarían por el frente, y lo obligó a rendirse. La totalidad de las fuerzas vencidas fueron muertas o tomadas prisioneras.

La revolución estaba definitivamente vencida, y el gobierno de Avellaneda salvado. Como premio a su victoria, Roca fue ascendido al grado de general; pero al saber que Arredondo iba a ser fusilado, lo dejó huir a Chile.


La carrera política de Mitre pasó a un franco segundo plano desde entonces; la de Roca seguiría en ascenso, hasta llegar a ser presidente de la Nación Argentina en dos períodos, en un total de doce años. La carrera militar de Arredondo en la Argentina prácticamente terminó allí, aunque unos años más tarde protagonizaría una revolución en su país de origen, Uruguay, sólo para ser derrotado en la batalla de Revolución del Quebracho.


La batalla de Santa Rosa significó el final de la revolución de 1874, y de las campañas militares de las guerras civiles con batallas a campo abierto. Todavía hubo algunos episodios menores, pero este tipo de batallas, que había caracterizado las guerras civiles argentinas, no volvería a definir la historia política de este país.




viernes, 6 de diciembre de 2019

Hace 75 años Perón le hablaba a los compañeros petroleros




MENSAJE A LOS OBREROS Y EMPLEADOS PETROLEROS 
Juan Domingo Perón 
[6 de Diciembre de 1944]


La presencia de las autoridades de la Dirección General de Energía presencia y de Yacimientos Petrolíferos Fiscales en la Casa de los Trabajadores no puede ser saludada por nosotros sino como un gesto amplio de satisfacción y reconocimiento hacia los hombres que realizaron el primer intento serio de recuperación económica y demostraron a los políticos escépticos, todo lo que son capaces los obreros argentinos.
¡Yo proclamo con orgullo ese reconocimiento! ¿Yacimientos Petrolíferos Fiscales es un triunfo del trabajo argentino! Surgió hace un cuarto de siglo del esfuerzo casi quimérico de unos hombres alucinados que perforaron mas con las manos que con los trépanos, el duro subsuelo patagónico, para arrancarle el torrente de oro negro que movilizaría nuestras industrias y nuestros transportes. Ni la sed, ni el frío, ni el azote permanente de los vientos del Atlántico, lograron detener su esfuerzo ni paralizar su voluntad. Las torres metálicas comenzaron a poblar entonces las planicies heladas, a erguirse en la maraña de las selvas del norte a aferrarse en el granito de las estribaciones cordilleranas, como el símbolo de una nueva argentina, que clavaba en el subsuelo patrio la bandera de su independencia económica. Huincul, Orán, Mendoza y las destilerías gigantescas que se levantan sobre las márgenes del Plata, marcan el itinerario de su grandeza creciente, que señaló como un ejemplo magnifico de organización y capacidad dentro del desenvolvimiento de los organismos oficiales.
El espíritu emprendedor de aquel soldado que fue el general Mosconi, fijó el rumbo que debía cumplir el organismo en etapas sucesivas. Fue un estadista de uniforme que comprendió la realidad de la hora, supo mirar hacia delante y ver claramente la función que le correspondería al petróleo en el progreso de la República. Prefirió en los balances, los saldos favorables en millares de metros cúbicos de combustible, a un saldo abundante de millones inertes. El oro negro, es desde entonces, el motor que movilizo la pujante industria nacional y el vehiculo que acortaría las distancias yo en la dilatada heredad argentina, sometida al capricho o las conveniencias de riel.
¿Y continúa movilizándolas todavía! ¿Cinco años de guerra; sin poder importar ninguno de los materiales de explotación, no han podido detener el ritmo de una producción que crece rumorosamente entre el oleaje que forman millones de metros cúbicos de petróleo extraídos de las vetas ocultas que se da tan generosamente como la buena tierra gaucha!
¡Vuestra obra, trabajadores del petróleo, sólo puede merecer el reconocimiento de sus conciudadanos y el bien de la República que no permanece ya indiferente a la suerte de los hombres que le ofrecieron todo por lograr su grandeza.
Los beneficios de estas conquistas de estabilidad, de mejoras en los salarios y en las condiciones de vida y de trabajo de quince mil servidores esforzados y modestos, es sólo el cumplimiento del deber social de un Estado, que no se siente exento de cumplirlo, por que seria traicionar uno de los propósitos irrenunciables que animaron Revolución de Junio y desvirtuar nuestras propias exigencias. Hemos proclamado el derecho a mejores condiciones de vida y lo cumplimos, apostolando con el ejemplo. Trabajamos empeñosa y obstinadamente para extender a todos, los beneficios de la asistencia social y los vamos incorporando progresivamente a los organismos oficiales. Queremos que nuestros niños aprendan a sonreír y estamos empeñados en crear hogares felices donde los alumbramientos dejen de ser la maldición de las madres humildes. Nos proponemos, que el cumplimiento estricto del escalafón deje de ser un privilegio exclusivo de las fuerzas armadas, para convertirse en un beneficio de todos los que trabajan. Y lo conseguiremos.
Yacimientos Petrolífero Fiscales, al incorporar este Estatuto de su personal, no hace otra cosa que acelerar el cumplimiento de un deber social inexcusable y el mandato de aquel gran organizador extraordinario, que tanto bregó por el bienestar de los trabajadores de una repartición cuya grandeza enorgullece a todos los argentinos.
JUAN DOMINGO PERÓN

lunes, 16 de septiembre de 2019

Hace 4 años el Papa Francisco le hablaba a los ministros de ambiente europeos




DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO 
 A LOS MINISTROS DEL AMBIENTE DE LA UNIÓN EUROPEA

Salita del Aula Pablo VI
 Miércoles 16 de septiembre de 2015



Señoras y señores: Buenos días.

Os saludo cordialmente a todos vosotros, señores ministros del Ambiente de la Unión Europea, cuya tarea durante los últimos años ha asumido cada vez mayor importancia para el cuidado de la casa común. En efecto, el ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad, y responsabilidad de cada uno de nosotros. Una responsabilidad que solo puede ser transversal y requiere una colaboración eficaz en el seno de la entera comunidad internacional.

Os doy las gracias de corazón por haber querido este encuentro que me ofrece la oportunidad de compartir con vosotros, aunque brevemente, algunas reflexiones, también con vistas a los importantes acontecimientos internacionales de los próximos meses: la adopción de los objetivos de desarrollo sostenible a fines de este mes y la COP 21 de París.

Quiero referirme a tres principios. En primer lugar, el principio de solidaridad, palabra unas veces olvidada, otras veces usada impropiamente de manera estéril. Sabemos que las personas más vulnerables a causa de la degradación ambiental son los pobres, que sufren las consecuencias más graves. Solidaridad quiere decir, entonces, usar instrumentos eficaces, capaces de unir la lucha contra la degradación ambiental con la lucha contra la pobreza. Existen numerosas experiencias positivas en dicho sentido. Se trata, por ejemplo, de desarrollo y transferencia de tecnologías apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo recursos humanos, naturales, socioeconómicos, mayormente accesibles a nivel local, para garantizar su sostenibilidad incluso a largo plazo.

En segundo lugar, el principio de justicia. En la encíclica Laudato si' hablé de «deuda ecológica», sobre todo entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales con consecuencias en el ámbito ecológico, así como con el uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países. Debemos saldar esta deuda. Estos últimos están llamados a contribuir, a resolver esta deuda dando buen ejemplo, limitando de modo importante el consumo de energía no renovable, aportando recursos a los países más necesitados para promover políticas y programas de desarrollo sostenible, adoptando sistemas de gestión adecuada de las selvas, del transporte, de la basura, afrontando seriamente el grave problema del desperdicio de los alimentos, favoreciendo un modelo circular de la economía, alentando nuevas actitudes y estilos de vida.

En tercer lugar, el principio de participación, que requiere la implicación de todos los interlocutores, incluso los que a menudo permanecen al margen de los procesos decisorios. En efecto, vivimos un momento histórico muy interesante: por una parte, la ciencia y la tecnología ponen en nuestras manos un poder sin precedentes; por otra, el uso correcto de dicho poder presupone la adopción de una visión más integral e integrante. Esto requiere abrir las puertas a un diálogo, diálogo inspirado por dicha visión radicada en esa ecología integral que es el objeto de la encíclica Laudato si'. Se trata, obviamente, de un gran desafío cultural, espiritual y educativo. Solidaridad, justicia y participación por respeto a nuestra dignidad y por respeto a la creación.

Queridos señores ministros: La COP 21 se acerca rápidamente y aún queda mucho camino por recorrer para llegar a un resultado capaz de recoger positivamente los numerosos estímulos que han sido ofrecidos como contribución a este importante proceso. Os animo vivamente a intensificar vuestro trabajo, junto con el de vuestros colegas, para que en París se logre el resultado deseado. De parte mía y de la Santa Sede no faltará el apoyo para responder adecuadamente tanto al grito de la Tierra como al grito de los pobres. Gracias.

viernes, 5 de julio de 2019

Hace 73 años Perón hablaba a las FF.AA.




PALABRAS A LAS FUERZAS ARMADAS DE LA NACIÓN, PRONUNCIADAS EN UNA COMIDA DE CAMARADERÍA 
Juan Domingo Perón 
[5 de Julio de 1946]

Señores Ministros,
Camaradas de las Fuerzas Armadas Extranjeras,
Camaradas míos:
Hay horas, en la vida de los pueblos como en la de los hombres, en que la oscuridad lo envuelve todo. Parecería que al conjuro de la maldición bíblica se malograsen hasta los anhelos más nobles y las aspiraciones más santas.
Es, a veces, el encadenamiento de sucesos infaustos ajenos a la voluntad humana, o hechos de la naturaleza que contrarían las más cautelosas previ­siones, o la incomprensión de los hermanos, o la perfidia de los mezquinos, o todo eso junto, en un solo instante, en un solo minuto.
Son las horas de prueba a que Dios nos somete y de las que sólo emergen los que fortalecieron su alma en la fe: esencia divina capaz de remover las montañas, realizar acciones inverosímiles y de llegar a convertir los sueños en realidad.
En 1816, el Congreso de Tucumán “recibía a la Patria casi cadáver”, ha dicho uno de nuestros grandes historiadores.
Y en verdad era así.
El desastre de Rancagua dejaba a Chile a merced de la reacción con­trarrevolucionaria; las más oscuras conjuraciones conspiraban en Mendoza y Buenos Aires, contra la expedición libertadora que preparaba el General San Martín; el enemigo triunfante en el Norte se aprestaba para invadir el terri­torio argentino y asestar a la revolución el golpe de gracia; la montonera anárquica campeaba en el litoral; veteranas tropas portuguesas marchaban sobre la Banda Oriental para jaquear, desde Montevideo, el flanco de los pa­triotas; porteños y provincianos anteponían pasiones y rencillas lugareñas a la suerte común de la nacionalidad; en Buenos Aires las rivalidades caudi­llescas convulsionaban el ambiente; en otras regiones de nuestra América, en el Cuzco, en Nueva Granada, en Venezuela, sucumbían también al contra­ataque realista.
El cuadro de la situación, no podía ser más sombrío.
Pero, porque creyeron firmemente; porque tuvieron fe en sí mismos y en el destino glorioso de la Patria; porque veían la realidad futura, presintiéndola en la exaltación mística de sus ideales, pudo el Capitán de los Andes remover las montañas, convirtiendo el sueño de la libertad argentina en la bandera triunfante de la emancipación sudamericana; y pudieron los Congresales de Tucumán rasgar las tinieblas que se cernían sobre la “nación incipiente” proyectando sobre el mundo luz inextinguible, en su desamparada grandeza.
¡Qué solos y qué pobres, pero qué fuertes y espiritualmente qué ricos en virtudes propias de nuestra raza, debieron sentirse los fundadores de la Patria!
En esta noche de conmemoración y de camaradería, yo invito a los sol­dados argentinos a reflexionar sobre el significado de aquellos acontecimientos.
Demasiado me se que lo hacéis con frecuencia; que no pasa día sin que la preocupación dominante de vuestros deberes, sea en el aula, en la forma­ción de la tarde, o en la tribuna, no os haga sentir la presencia inmortal e in­material de los héroes tutelares de nuestra soberanía; que su ejemplo es el que os inspira y que el mensaje que nos legaron lo practicáis con patriótica devoción; pero no es a eso a lo que me refiero, sino a una reflexión más honda en la que vinculemos el alumbramiento de 1816 con el presente y con el futuro de la Nación Argentina.
La verdadera fe, cuando Dios la concede para las grandes empresas, no es una gracia estática: es un soplo creador de inspiración dinámica que se abre en un haz de virtudes para perdurar a través del tiempo.
Es junto a la fe, la austeridad, que ahoga al egoísmo porque es ofrenda y sacrificio permanente; es junto a la fe, la solidaridad, que mata la flaqueza porque es aliento fraternal recíproco; es junto a la fe, la lealtad, que enaltece la propia estimación porque es decoro, respeto de sí mismo y el alimento espiritual más maravilloso con que se debe nutrir el noble corazón del soldado; y es la fe, junto a la camaradería, que une especialmente a todos los hombres de armas para realizar acciones de contenido heroico y de trascendencia le­gendaria.
Virtudes militares, como veis, han sido y siguen siendo virtudes del alma argentina.
Nacidos así a la vida independiente, echamos a andar por nuestra cuenta.
En ciento treinta años el país recorrió muchas etapas, y en cada una de ellas no todos los días fueron de sol; más de una vez hubo que doblar el cabo de las tempestades; y el cuadro, entonces, si no idéntico, fue siempre parecido: la conjuración de factores aciagos, internos y externos; la ceguera de muchos buenos; la sordidez de muchos malos; y en la puja irreductible contra la adversidad, los dones ancestrales de siempre la vencieron.
Así fuimos trazando nuestro destino en el libro de la Patria.
Cuando al final de cada etapa, hicimos un alto en el camino para volver la mirada hacia atrás y poder apreciar con perspectiva de lejanía los esfuerzos cumplidos, a fin de rectificar el rumbo cuando algún viento contrario nos des­viaba de la ruta, o de abrir nuevos surcos en nuestra tierra generosa para satisfacer las legítimas aspiraciones del pueblo, siempre fue necesario poner a contribución el patrimonio espiritual heredado, porque siempre e invariable­mente, las fuerzas de la regresión que se parapetaban detrás de los intereses creados, se sumaron a los elementos imponderables para obstaculizar o retar­dar nuestro progreso.
Pero recordemos también esta noche, con orgullo, que si la República Argentina tuvo que afrontar y que vencer tremendas dificultades, en distintos momentos de su vida independiente, tuvo en cambio hijos dignos de su estirpe que supieron superarlas y ensanchar el horizonte de su grandeza.
Por eso yo, que soy, como vosotros, un soldado que vive sostenido por ese místico soplo de vocación que le hace vestir con orgullosa sobriedad el uniforme de la Patria, llevándolo con la prestancia y altivez, propia de los hombres libres; que fui llamado por el pueblo en una hora grave de la historia del mundo, para que levantara y mantuviera en alto la bandera de la justicia social, de la recuperación nacional y de la soberanía junto a la enseña bendita de la Patria, quiero asociar esta noche, haciendo justicia histórica, al nombre de nuestros primeros próceres, el de los gobernantes y estadistas argentinos, civiles y militares, que en circunstancias de apremio para el país, y a despecho de menguados intereses o de pasiones enardecidas, pusieron por delante el corazón de patriotas y ofrecieron a nuestra tierra lo mejor de sí mismos, cuales­quiera hayan sido sus convicciones políticas o los errores humanos en que incurriesen.
Y así, etapa tras etapa, llegamos hasta nuestros días. Vosotros, mis camaradas, los habéis vivido.
Hace tres años la Nación volvió a hacer un alto en el camino.
La historia de los días infaustos se repetía,
En lo interno, de nuevo las fuerzas de la regresión parapetadas en los intereses de círculo, dirigían al Estado con prescindencia del interés público y de las necesidades vitales de los trabajadores argentinos, hipotecando la riqueza del país a la avidez extranjera y llegando hasta admitir que poderes inherentes a la soberanía nacional se ejercitasen dentro de nuestro territorio, por núcleos foráneos enquistados en el engranaje de nuestra economía.
El mismo fenómeno regresivo se observaba en el escenario político. Los llamados partidos tradicionales, en cuyas filas actuaron con brillo, con eficacia, y con patriotismo, muchos hombres públicos argentinos que han merecido la gratitud de la Nación, alternaron y se desgastaron en el Gobierno, acusando índices de corrupción que concluyeron por desintegrarlos y por disminuirlos ante la opinión pública en su jerarquía moral.
En lo externo, una lamentable inhabilidad para hacernos comprender, en todo lo que tiene de generoso, de honesto, de cordial, pero también de altivo el espíritu argentino, y una lamentable y correlativa incomprensión de quie­nes, por no haber releído nuestra historia, olvidaron que si es fácil rendirnos por el corazón, es imposible doblegarnos por la prepotencia.
Había, pues, que recurrir, una vez más, a las virtudes patricias que dormían en el alma argentina.
Y el alma argentina despertó.
Despertó en la maravillosa intuición del pueblo; en la confianza que éste puso en la capacidad de recuperación de sus hijos, en el alegre y bullanguero desdén con que se movió entre la incomprensión y las turbias confabulaciones de resentidos que, en un momento dado, llegaron hasta renegar de su propio linaje para servir propósitos extranjeros, y dieron, por esa razón, el triunfo que merecía el auténtico pueblo argentino.
A este punto hemos llegado. De ahora en adelante se inicia una nueva etapa para la vida del país.
Recuperada y fortalecida, la Nación Argentina se ha puesto de nuevo en marcha.
Quiera Dios nuestro Señor, iluminar a los que tenemos el honor y la res­ponsabilidad, que yo no eludo ni delego, de conducirla, y concedernos, como a los próceres de la emancipación, la entereza y la energía para resistir los embates del tempestuoso huracán que se desata cada vez que es necesario cercenar privilegios, para asegurar el bienestar de la ciudadanía.
Quiera el Todopoderoso mantener a la Patria, como hasta ahora, altruista y pacifica pero decorosa y altiva; desinteresada y fraternal, pero libre, inde­pendiente y soberana; respetuosa del derecho y de la libertad ajenas, pero también respetada en su derecho y en su libertad, en los siglos de los siglos, por todas las naciones del mundo.
¡Camaradas que, a través de la distancia, escucháis mis palabras, identificados con el espíritu de esta fecha!
Bien sabéis que vosotros, muy especialmente, vivís en mi corazón; bien sabéis que no olvido, que vuestro alejamiento de las guarniciones más cómo­das, certifica que estáis cumpliendo vuestra misión con el desinterés, la abnegación, la fe y el patriotismo heredado de nuestros mayores; y que al hacerlo, no estáis colocados en posición que se acepta como un deber, sino que se busca como un honor, bien compenetrados de que ella es una prueba más del espí­ritu de sacrificio, que el soldado está siempre dispuesto a brindar a su Patria.
Lleguen también por ello, a todos vosotros estas palabras.
¡Camaradas de las fuerzas armadas extranjeras!
¡Id y decid a vuestros hermanos, que aquí, en este rincón de América donde sentimos la grata satisfacción de teneros entre nosotros, brindamos por la paz del mundo, y al hacerlo, entendernos que ello significa brindar por que cada una de vuestras patrias continúe la brillante trayectoria de sus destinos, por senda de venturosa felicidad!
¡Camaradas todos de pie!
¡Por nuestra patria!
JUAN DOMINGO PERÓN

jueves, 6 de junio de 2019

Hace 56 años Perón le hablaba a la Juventud






MENSAJE A LA JUVENTUD


    En lo profundo, el problema argentino es un problema de generaciones: la vieja generación demoliberal burguesa que puja por subsistir y la nueva generación evolucionista que anhela imponer otras formas de vivir y progresar. La decisión en esta lucha de generaciones está en el tiempo. El futuro es de la juventud y si no mediaran otros factores, la supresión biológica aseguraría el triunfo a los jóvenes. Sin embargo, hay que acelerar el proceso, porque la evolución del mundo no espera. He ahí la función de una juventud que tenga conciencia de la hora que vivimos y de la misión que le corresponde.

    Pocos pueblos en el mundo han alcanzado la madurez política del argentino y pocos, en su conjunto, saben como él lo que quieren, pero nunca, en la historia política argentina se ha presenciado una manifestación mas monstruosa de falta de respeto a la voluntad popular, con el cinismo de afirmar que se lo hace en el nombre y defensa de la democracia.

    Es preciso comprender que nuestro país está viviendo horas decisivas y que, de las soluciones que se alcancen ahora dependerá el futuro que podrá ser venturoso o luctuoso, según seamos capaces de proceder con grandeza para luchar por los intereses de la Patria o nó. La juventud, a quien corresponderá ese futuro, tiene también la responsabilidad de asegurarlo.

    Nada estable y duradero puede fundarse sobre la mentira, por eso frente al caos institucional de la República, los mismos culpables de provocar el desequilibrio y la miseria, se sienten ahora alarmados por la situación y aconsejan los mayores desatinos, sin percatarse que el Pueblo Argentino ha evolucionado lo suficiente como para que sus palabras no le suenen a sarcasmo. Esa evolución nos lleva imperceptiblemente pero de manera firme hacia la revolución y no habrá fuerza capaz de evitarla. Por el camino del Justicialismo, se ha de realizar en nuestro país el fatalismo evolutivo. Es evidente que ha terminado en el mundo el reinado del imperio buegués y que comienza el gobierno de los pueblos. Con éllo, el demoliberalismo y su concecuencia el imperialismo, han cerrado su ciclo.

    Ante la tragedia que vive el país, ha llegado el momento en que la vanguardia de la Patria, representada por su juventud, se una y organice para alcanzar el más alto grado de preparación compatible con su misión y la grave responsabilidad que le incumbe. Para alcanzar tan alta finalidad es indispensable que la unión y solidaridad juvenil se realice en forma indestructible, con un alto sentimiento de Patria, una absoluta determinación de imponer nuestra doctrina y una firme resolución de vencer. Sólo en la fortaleza y decisión de tornarse invencibles, se puede basar la seguridad de la liberación del Pueblo Argentino. Cuando la juventud esté unida y organizada, cuando en poco tiempo pueda ser ejemplo de disciplina peronista, se encontrará en condiciones de luchar en todo terreno y el éxito de la etapa final del proceso argentino estará asegurado. Debemos demostrar al mundo que nos observa, lo que puede la firme actitud de un Pueblo cuando su lucha está fundada en los sagrados principios de la justicia, de la libertad y de la soberanía.

    La Patria reclama en estos días la inquebrantable decisión de la juventud de luchar por ella. Todo sabremos cumplir con nuestro deber ante la Historia, si estamos animados de una profunda fé peronista, si realmente nos decidimos a luchar por el Pueblo y si estamos resueltos a enfrentar cualquier sacrificio.

Madrid, 5 de junio de 1963
Juan Perón